Sería largo de explicar cómo me entró el deseo de aprender a trabajar el esparto, pero mucha "culpa" la tienen las hermanas Martos, Piedad y Carmen. Ellas, por teléfono, me explicaban cómo se hacía la pleita y yo les decía, sí, sí, pero sin entender casi nada.
Lo primero era encontrar el esparto. Dio casualidad que fui a Madrid y, hablando con unos amigos, me dijeron la tienda donde lo vendían. Allá que nos fuimos y compramos un buen manojo.
¿Y ahora, qué? ¿Cómo le meto yo mano a esto?, me preguntaba un día y otro.
Este verano, por fin me decidí y le pregunté a Carmen (la del retrato de la entrada anterior).
Claro, ella, desde Barcelona, me explicaba una y otra vez lo que tenía que hacer, pero nada, que yo no sabía cómo empezar. Al final, opté por empezar a lo bruto y ya iría aprendiendo.
Lo primero que tuve que hacer fue mojar el esparto pues en seco no se puede trabajar, se parte.
Y empecé la pleita tejiendo con trece ramales o manojitos.
Mientras iba tejiendo le mandaba fotos a Carmen con el móvil y ella me iba dando consejos: "tienes que cortar bien todas las puntas"...
"Vas bien, sigue. Haz una tira tan larga como un brazo y luego haces un panero".
"¿Un qué?", le preguntaba yo.
Ella, con paciencia, me explicaba que era un objeto que se utilizaba para soplar la candela, para las chimeneas.
"Ah, eso se llama aquí un soplillo".
Es que Carmen ahora vive en Barcelona pero ella y su familia es de Baza, provincia de Granada, y allí al soplillo le llaman panero. Creo que en Almería, también.
Bueno, pues seguiré, me dije.
"Ya la tengo, Carmen. Ahora qué hago", le pregunté.
"Ahora coges un hilo fuerte, lo ensaltas en una aguja de lengua de vaca (o de lengua de gato) y lo vas metiendo por los primeros espartos a todo lo largo de la tira. Cuando llegues al final, tiras fuerte hasta juntar los dos extremos. Luego le das vuelta al cabo con el mismo hilo."
Ufff, qué complicado! Vamos a probar.
Al primer intento no me salió. Al tirar, el hilo que era de cáñamo, se me rompió. Cambié a otro y ya sí.
Ahora había que rematarlo y dejarlo lo mejor posible para que Carmen me diera el "aprobado".
¡Y parece que lo conseguí!
"Está bien", me dijo, "los he visto peores". jeje
Mientras que yo estaba peleándome con el esparto en mi casa, Carmen también estaba con él en la suya, pero no para hacer ella algún objeto, que ya hizo mucha pleita en su juventud (recordemos que ahora tiene 80 años), ella lo hacía para que su hija Rosa la grabase en un vídeo y yo pudiera verla y aprender.
Y claro que me sirvió.
Después de hacer el soplillo quise hacer una pleita más fina, con nueve ramales, y por fin hice el inicio como Carmen me enseñó en su vídeo.
Y así hice una tira muy larga para luego coserla y hacer un botellero. Reconozco que no está muy bien, pero para ser el primero no me voy a quejar.
Sé que debería haber utilizado otro hilo para coserlo, que no fuera blanco, pero este era el más resistente que tenía, y pensé que con el paso del tiempo perdería ese color y se pondría amarillo, jeje.
Tenía las manos doloridas, así que ya lo dejé. Esto era una prueba, para aprender a empezar y a terminar el trabajo. Y creo que está pasable, ¿verdad?
El verano que viene gastaré el esparto que me queda.
Espero que esta tradición no se pierda. Durante mucho tiempo se trabajó mucho el esparto en España.
IMÁGENES
Carmen, Piedad y Rosa, os doy las gracias por enseñarme esta técnica y este material.
A las demás, gracias también por vuestras visitas y comentarios.









